2025-07-19 20:26:50 -06:00
Había leído muchas veces sobre el supuesto método básico de teletransporte. Tenía otro nombre, pero no lo recordaba (además estaba en latín, por lo que tampoco podía entenderlo). Era más fácil recordarlo como teletransporte.
El nombre, desde luego, venía de los cómics, el famoso [[Los superpoderes no son como los pintan los cómics|poder del teletransporte]], pero en realidad tenía más limitantes.
Para empezar, estaba limitado al campo visual. Solo era posible transportarse a un lugar alejado, pero que se pudiera ver. Es decir, en un día claro y desde un punto de vista alto, uno tenía apenas unos cuantos kilómetros de distancia para moverse. Esto era útil en varios aspectos, pero seguía siendo poco comparado con los miles y miles de kilómetros de extensión de la tierra. Es decir, nada de aparecer en un instante en Morelia para ver a su “novia”, mucho menos a China. O a Londres.
Segundo, tenía limitantes de peso. Había leído también que muchos habían muerto al intentar transportar grandes objetos, aunque nunca se decía cuáles. Posiblemente era el tipo de advertencias normales que uno encuentra en los [[Grimorios en los mercados de pulgas|grimorios de los mercados de pulgas]], para evitar que cualquier tonto con delirios de poder y más audacia que sentido común explotara la cuadra por leer mal las indicaciones.
Además, era un poco obvio que teletransportar cosas grandes requiere de mayor poder. No, este era un simple hechizo para salvar distancias y obstáculos geográficos, seguramente creado para poder cruzar un río peligroso sin tener que arriesgar mucho. La simplicidad del hechizo hacía pensar a muchos teóricos de la historia de la magia que fue creado antes incluso que el lenguaje humano, hace milenios [[El primer ser humano que tropezó con la magia|cuando la humanidad se encontró por primera vez con la magia]]. Pero estoy divagando.
La tercera y más sutil limitante era el mismo movimiento, porque requería un sutil momento de [[Bi-existencia|bi-existencia]]. Es difícil explicar la magia si uno no la ha vivido, pero lo intentaré: A la hora de ejecutar el hechizo, uno existe por un brevísimo instante en dos lugares al mismo tiempo. Esto no suele ser un problema para alguien experimentado, ya que es apenas una mínima fracción de segundo, pero es un momento real y con consecuencias potencialmente letales.
También había leído sobre esto y parecía ser un tópico tabú, porque todo el mundo hacía la advertencia del acto, pero nadie mencionaba las consecuencias. [[Notas de investigación sobre la combustión espontánea|¿Qué rayos pasaba si uno existía por un microsegundo en dos lugares a la vez?]]. En todo caso, sabía que estaba preparado para la posible paradoja mental de existir dos veces y el peso mental de nunca saber quién es “el original”.
La ejecución del hechizo era simplísima en su concepción. No trivial, desde luego, pero se podía explicar fácilmente:
[!quote]- Explicación sencilla Solo tienes que observar el lugar a donde te vas a transportar, y crear en tu mente la perfecta imagen de cómo te verías a ti mismo desde ese punto.
Eso era todo. Desde luego, era más fácil decirlo que hacerlo, pero la idea era simple. Hacer una línea (imaginaria y real) entre tú desde el punto A y tú desde el punto B. Es decir, ver desde el punto A cómo te verías desde el punto B. Mientras más clara sea la imagen, más rápido y sencillo será el transporte.
Desde luego, eso quería decir que lo más importante era la familiaridad con el territorio. Uno debía ser consciente al mismo tiempo de el punto donde uno está, además de los detalles inmediatos (el árbol de junto, la calle enfrente, las casas con pintas políticas, el puesto de garnachas) y cómo se ven desde “cualquier” ángulo.
El reto que la mayoría nunca pasaba era ese detalle de imaginarse cómo se ve, por ejemplo, el edificio de departamentos pero visto desde arriba. La mayoría de ellos se quejaba siempre de lo mismo: “¿cómo podría saberlo? Jamás he paseado en helicóptero para ver la ciudad desde lo alto. Lo cual era cierto, pero era uno de los pecados capitales para todos los que querían aprender magia: hay que imaginar lo que no se conoce, lo que no se sabe, lo que no se ha visto, y hacerlo realidad. En esto consistía la suma de toda la magia.
El “truco” que no conocía1 es que hay que comenzar por lo casi trivial. Algo tan sencillo como cruzar la calle frente a la casa de uno, la que se ve todos los días. Seguramente es una vista que todos tenemos claramente marcada en la cabeza, porque la vemos todos los días, ¿cierto?
Desde luego, este ejercicio consiste en darse cuenta en [[Las cosas que uno ve|las cosas que uno ve, pero jamás observa]].
Cosa rara de decir cuando se habla del Gran Arte, que es todo menos un truco.↩︎